Crítica de The Handmaid's Tale

June 26, 2017

 

 

Después de ver el último capítulo de esta brillante primera temporada de “Handmade’s Tale” no puedo dejar de aplaudir muy fuerte. Esto es así, no solo porque sea una historia contada de manera sublime, con buena dirección (en su mayoría mujeres), fotografía y actrices, que ya de por si atrapa y emociona, sino porque esta distopía no lo es tanto, y se define mejor como hipérbole del hoy y ahora.

 

Sin haber leído la novela homónima de Margaret Atwood en la que se basa la serie, lo primero que tengo que decir es que series como esta y cualquier otro material parecido es necesario, que denuncien sin tapujos la desigualdad que sufren las mujeres en esta sociedad heteropatriarcal-capitalista, destapando las artimañas del sistema para perpetuar los privilegios del varón sobre la opresión de la mujer y que además promueva la lucha feminista. Cada capítulo podría dar para un análisis bien largo, y más si estás bien curtida en la lucha feminista y tienes más información que un servidor.  Como hombre que se considera a sí mismo aliado feminista, y pidiendo disculpas de antemano por cualquier machirulada sistemática (ruego me la hagáis ver si es así), en la serie se reconocen fácilmente muchos de los aspectos más básicos de la violencia machista.

 

 

 

De entrada y sin rodeos el primer capítulo presenta verdades como puños y ubica a los que puedan estar más perdidos (que los hay): las mujeres son violadas, asesinadas y utilizadas como herramientas por hombres por y para su interés y comodidad y esto es estructural dentro del sistema, como lo es la opresión racial o de clase. A lo largo de la serie se profundiza más en esto, se presenta el modelo de mujer obediente y sumisa, joven (fértil, de otro modo prescindible) lista para cumplir con un papel que ella no ha decidido ni sobre el cual se le ha preguntado si quiera. ¿Os suena?

 

Encontramos bien representada en la serie una de las herramientas para evitar despertar conciencia feminista en las propias mujeres, representada claramente en un momento concreto de la serie: fomentar la rivalidad entre ellas. No es la naturaleza de la mujer pisar a otras mujeres, no es biología. Hacer que luches contra las que podrían ser aliadas, en lugar de enfrentar al verdadero enemigo. Son tácticas de guerra básicas. La sociedad que presenta la serie pretende que sean ellas sus propios verdugos, sus propias delatoras ante el sistema, y sus propias silenciadoras. Señala a la adúltera, señala a la lesbiana, señala a la feminista.

 

 

 

Por otro lado, la unión de luchas también está presente, el colectivo LGTBI tampoco se libra de ser masacrado en la serie, y aunque tu destino como hombre homosexual en la serie sea nefasto, ni que decir tiene que la mujer homosexual recibirá un trato mucho peor por su condición de mujer (o léase objeto, herramienta, etc).

 

He de mencionar a varios personajes. Entre ellos Serena, esa mujer que a pesar de sufrir las vejaciones y la opresión machista (y ojo no es casualidad: que posee privilegios de clase), apoya activamente el chiringuito, debido a una ideología ligada a esa clase y se conforma con las migajas que los hombres le dejan como premio a su obediencia. La contradicción en la que vive este personaje es obvia. Con todo, es ella la que acaba siendo la mala. Se le coge un odio tal a este personaje que dan ganas de darle una patada a la pantalla cada vez que hay un primer plano suyo (un OLÉ por Yvonne Strahovski). Pero, ¿es ella el origen y la responsable, el fondo y la causa de lo que está pasando? Tachán. El señor comandante y toda su cuadrilla quedan en la sombras, y aunque sabes que son los que realmente dirigen todo el asunto, no son los que captan el foco del odio y la rabia del espectador, al menos en mi caso, y esto es cuanto menos llamativo.

Y bueno, luego está ELLA. Lo peor que se me ocurre para Elisabeth Moss en el papel de June es brillante. Hay escenas en las que no le hace falta tener una sola línea, porque su mirada, su expresión y su actitud en pantalla lo dicen todo. Un trabajazo impresionante que emociona y que hace que te adentres de lleno en la mente del personaje y en su historia. En origen, y previo a la transición que desembocaría en la República de Gilead, June no posee una conciencia feminista demasiado fuerte, y es su amiga Moira la que ejerce cierta influencia y le aporta algo en este sentido, una base. Con el desarrollo de los acontecimientos June evoluciona y desarrolla una conciencia y un espíritu de lucha (feminista) mucho más fuerte, una evolución no exenta de maltratos físicos y psíquicos que incluyen humillaciones, chantajes, violaciones, palizas… lejos de rendirse, lo cual no sería raro ni criticable dada su situación, se hace fuerte. Esto le trae aún más problemas, y en estas acaba la temporada. Cabe destacar el reencuentro entre Moira y ella cerca del final de la temporada, uno de los momento con más fuerza y más bonitos de la temporada, donde esta vez es June la que da fuerzas a su amiga, a esas alturas agotada y aterrorizada, para luchar y seguir en pie.

 

 

 

Otros personajes interesantes son Luke (O-T Fagbenle), marido de June, que representaría al aliado feminista, aunque de momento poco desarrollado, “Aunt Lydia” (Ann Dowd) como otro personaje en contradicción debido a su posición de cierto privilegio u Ofglen (Alexis Bredel), que se convierte en mártir, y que acaba siendo el ejemplo para el resto de criadas de lo que nunca debería haber sucedido y que juega un rol importante a la hora de hacer despertar incluso a las más adormiladas. Y es que desgraciadamente, muchas veces hasta que uno no ve que algo tan terrible puede sucederle o tocarle de cerca, no reacciona.

 

No nos engañemos, “A Handmade’s tale” no es “lo que podría pasar si…”, es lo que está sucediendo ahora.

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